Novedades en Holos

La relación terapéutica entre los psicólogos de HOLOS y los clientes, se ajusta al Código Deontológico del Consejo General de  Colegios Oficiales de Psicólogos, y en concreto al artículo 6, que dice:

“La profesión de Psicólogo/a se rige por principios comunes a toda deontología profesional: respeto a la persona, protección de los derechos humanos, sentido de responsabilidad, honestidad, sinceridad para con los clientes, prudencia en la aplicación de instrumentos y técnicas, competencia profesional, solidez de la fundamentación objetiva y científica de sus intervenciones profesionales.»

Biblioterapia

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Relación con la Universidad de Murcia

Contrato de asesoramiento y colaboración en la evaluación y tratamiento de problemas de la conducta y de la personalidad entre la Universidad de Murcia, (Área de Investigación y Transferencia Tecnológica) y HOLOS Psicología Clínica y de la Salud, desde Septiembre 2006.

Cuentos

Alguno de los cuentos que figuran en esta página son muy antiguos. Vienen de una tradición oral que se ha trasmitido de padres a hijos, de maestros a discípulos, o han sido extraídos de algunos textos que se citan.
Tienen enseñanzas que van dirigidas a la parte más sabia de cada persona.

En un pueblo había mucha sequía y llamaron al hombre del agua para que hiciera llover. Les pidió que volvieran todos al trabajo y a él le dieron una choza en las afueras del pueblo además de pan y agua para 5 días.

Al cuarto día comenzó a llover y todos los del pueblo fueron a verle, a preguntarle cómo lo había hecho.

«Cuando vine, vi mucho odio y rencor entre las gentes de este pueblo. Así que me fui a mi choza y empecé a ordenarla. El orden en mi choza hizo que se produjera orden en la aldea. Y este hizo que se produjera orden en la Naturaleza y lloviera».

En la antigua India se concedía mucha importancia a los ritos védicos, de los que se decía que funcionaban tan “científicamente” que, cuando los sabios pedían la lluvia, jamás se producía una sequía. Así es que, conforme a dichos ritos, un hombre se puso a rezarle a Lakshmi, la diosa de la abundancia para que le hiciera rico.

Estuvo orando sin éxito durante diez largos años, al cabo de los cuales comprendió de pronto la naturaleza ilusoria de la riqueza y abrazó una vida de renuncia en el Himalaya.

Un buen día, mientras se hallaba sentado y entregado a la meditación, abrió sus ojos y vio ante sí a una mujer extraordinariamente hermosa, tan radiante  y resplandeciente, como si fuera de oro.

-“¿Quién eres tu y qué haces aquí?”, le preguntó.

-“Soy la diosa Lakshmi, a la que has estado rezando himnos durante doce años”, le respondió la mujer, “y he decidido aparecerme ante ti para concederte tu deseo”.

-“¿Ah, mi querida diosa?”. Exclamó el hombre, “Ahora ya he adquirido la dicha de la meditación y he perdido el deseo de las riquezas. Llegas demasiado tarde…, Pero dime, ¿porqué has tardado tanto en venir?”.

-“Para serte sincera”, respondió la diosa, “dada la fidelidad con que realizabas aquellos ritos, habrías acabado consiguiendo la riqueza, sin duda alguna. Pero, como te amaba y solo deseaba tu bienestar, me resistí a concedértelo”.

Este es un cuento que recoge Toni de Mello

 

“Un hombre que va por la calle, es obligado por unos ladrones a seguirles para llevar a cabo un robo. Los ladrones entran a la tienda cuando está cerrada y hacen cargar al hombre con el producto del robo sobre su cabeza. Cuando van corriendo por la calle, la policía los detiene y los interroga. El hombre declara: “Yo iba por la calle por voluntad de Rama y por voluntad de Rama, estos hombres me obligaron a ir con ellos y a cargar encima de mi cabeza con lo que habían sustraído de la tienda. Por voluntad de Rama, aparecieron Vdes y me detuvieron”

La policía extrañada, lo presenta ante el juez, que le pregunta qué ha pasado y el hombre dice: “Por voluntad de Rama, unos hombres me obligaron a ir con ellos y a cargar encima de mi cabeza con el producto de su robo. Por voluntad de Rama me detuvo la policía y ahora por voluntad de Rama estoy aquí delante de Vd.”

El juez que duda de su estado de salud mental lo pone en libertad y cuando sale a la calle y la gente le pregunta qué ha pasado, les dice: “Por voluntad de Rama yo iba por la calle y por voluntad de Rama, unos hombres me obligaron a ir con ellos y a cargar encima de mi cabeza lo que habían robado de la tienda. Por voluntad de Rama, la policía nos detuvo y por voluntad de Rama, me presentaron ante el Sr. Juez y por voluntad de Rama, éste me puso en libertad”

Buda peregrinaba por el mundo para encontrarse con aquellos que se decían sus discípulos y hablarles acerca de la Verdad.

A su paso, la gente que creía en sus decires venía por cientos para escuchar su palabra, tocarlo o verlo, seguramente por única vez en sus vidas.

Cuatro monjes que se enteraron de que Buda estaría en la ciudad de Vaali, cargaron sus cosas en sus mulas y emprendieron el viaje que llevaría, si todo iba bien, varias semanas.

Uno de ellos conocía menos la ruta a Vaali y seguía a los otros en el camino.

Después de tres días de marcha, una gran tormenta los sorprendió. Los monjes apuraron el paso y llegaron al pueblo, donde buscaron refugio hasta que pasara la tormenta. Pero el último no llegó al poblado y debió pedir refugio en casa de un pastor, en las afueras. El pastor le dio abrigo, techo y comida para pasar la noche.

A la mañana siguiente, cuando el monje estaba pronto para partir, fue a despedirse del pastor.

Al acercarse al corral, vio que la tormenta había espantado las ovejas del pastor y que este trataba de reunirlas.

El monje pensó que sus compañeros  estarían dejando el pueblo y si no salía pronto, se alejarían. Pero él no podía seguir su camino, dejando a su suerte al pastor que lo había cobijado. Por ello decidió quedarse con él hasta juntar el ganado.

Así pasaron tres días, tras los cuales se puso en camino a paso redoblado, para tratar de alcanzar a sus compañeros.

Siguiendo las huellas de los demás, paró en una granja a reponer su provisión de agua.

Una mujer le indicó dónde estaba el pozo y se disculpó por no ayudarlo, pero debía seguir con la cosecha… mientras el monje abrevaba sus mulas y cargaba sus odres con agua, la mujer le contó que tras la muerte de su marido, era difícil para ella y sus pequeños hijos llegar a recoger la cosecha antes de que se pudriera.

El hombre se dio cuenta de que la mujer nunca llegaría a recoger la cosecha a tiempo, pero también supo que si se quedaba, perdería el rastro y no podría estar en Vaali cuando Buda arribara a la ciudad.

«Lo veré algunos días después», pensó, sabiendo que Buda se quedaría unas semanas en Vaali.

La cosecha llevó tres semanas y apenas terminó la tarea, el monje retomó su marcha…

En el camino, se enteró de que Buda ya no estaba en Vaali. Buda había partido hacia otro pueblo más al norte.

El monje cambio su rumbo y se dirigió hacia el nuevo poblado.

Podría haber llegado aunque no fuera más que para verlo, pero en el camino tuvo que salvar una pareja de ancianos que eran arrastrados corriente abajo y no hubieran podido escapar de una muerte segura. Sólo cuando los ancianos estuvieron recuperados, se animó a continuar su marcha sabiendo que Buda seguía su camino…

Veinte años pasaron con el monje siguiendo el camino de Buda… y cada vez que se acercaba, algo sucedía que retrasaba su andar. Siempre alguien que necesitaba de él, evitaba, sin saberlo, que el monje llegara a tiempo.

Finalmente se enteró de que Buda había decidido ir a morir a su ciudad natal. «Esta vez, dijo para sí, es la última oportunidad. Si no quiero morirme sin haber visto a Buda, no puedo distraer mi camino. Nada es más importante ahora que ver a Buda antes de que muera. Ya habrá tiempo para ayudar a los demás, después».

Y con su última mula y sus pocas provisiones, retomó el camino. La noche antes de llegar al pueblo, casi tropezó con un ciervo herido en medio del camino. Lo auxilió, le dio de beber y cubrió sus heridas con barro fresco. El ciervo boqueaba tratando de tragar aire, que cada vez le faltaba más.

Alguien debería quedarse con él, pensó, para que yo pueda seguir mi camino. Pero no había nadie a la vista. Con mucha ternura acomodó al animal contra unas rocas para seguir su marcha, le dejó agua y comida al alcance del hocico y se levantó para irse.

Sólo llegó a hacer dos pasos, inmediatamente se dio cuenta de que no podría presentarse ante Buda, sabiendo en lo profundo de su corazón que había dejado solo a un indefenso moribundo…

Así que descargó la mula y se quedó a cuidar al animalito. Durante toda la noche veló su sueño como si cuidara a un hijo. Le dio de beber en la boca y cambió paños sobre su frente.

Hacia el amanecer, el ciervo se había recuperado. El monje se levantó, se sentó en un lugar apartado y lloró…

Finalmente, había perdido también su última oportunidad. «Ya nunca podré encontrarte«, dijo en voz alta: «No sigas buscándome, le dijo una voz que venía desde sus espaldas, porque ya me has encontrado».

El monje giró y vio cómo el ciervo se llenaba de luz y tomaba la redondeada forma de Buda.

«Me hubieras perdido si me dejabas morir esta noche para ir a mi encuentro en el pueblo…. y respecto a mi muerte, no te inquietes. El Buda no puede morir mientras haya algunas personas como tú, que son capaces de seguir mi camino por años, sacrificando sus deseos por las necesidades de otros. Eso es el Buda, y Buda está en tí».

Un hombre sabio iba viajando en camello a través del desierto. El viaje era largo, el día caluroso y el viento abrasador. Llegó a una pequeña aldea. Llamó a la puerta de una cabaña y pidió un vaso de agua, que le trajo el joven de la misma, al mismo tiempo que lo invitaba a entrar.

El viajero bebió el agua tan preciada y le dió las gracias por su hospitalidad. «Antes de proseguir mi viaje, ¿hay alguna cosa que yo pueda darte para corresponderte a tu generosidad?»

-Pues no se si Vd, será capaz de encontrar una solución a un problema que tenemos desde que se murió nuestro padre, al que Dios le acoja en su seno, y que nos tiene en una contínua pelea. Mi padre tenía diecisiete camellos que nos dejó en herencia a mis dos hermanos y a mí, pidiéndonos que los repartiéramos de la siguiente manera: A mi hermano mayor, la mitad del rebaño, al segundo de mis hermanos un tercio y una novena parte para mi que soy el pequeño. Pero no podemos cortar a los camellos en trozos.

El sabio se sonrió y le pidió que trajera a sus dos hermanos que estaban peleando a ver como llevaban a cabo la partición de la herencia y les dijo: Yo os regalo mi camello. Ahora tenéis dieciocho. ¿Os sirve de ayuda esto?

-Claro, ahora si. Mi hermano mayor tendrá nueve camellos, el segundo seis, y a mi me corresponden dos, respondió el pequeño. ¡Pero esto solo hace diecisiete en total!

-Pues el camello que sobra es el que os acabo de ceder momentáneamente para que resolviérais el problema, así que ahora que lo habéis resuelto me lo llevo y continúo mi viaje. Quedáos en paz

Tomado y modificado de Nick Owen, (200) Mas magia de la metáfora. Bilbao: Desclée de Brouwer, tomado a su vez de Joseph O´Connor, The NLP Workbook, tomado a su vez de Paula Menotti

En una noche oscura como boca de lobo, había una mujer mirando al suelo muy afanosa, debajo de una farola. Un hombre que la ve mirando hacia abajo, le pregunta «¿Qué hace?» A lo que la mujer le dice: «Estoy buscando una aguja de coser que se me ha perdido.» Y se pone a buscar con ella, debajo de la farola. Al cabo de poco tiempo otra persona, se acerca  a las dos primeras, y recibe la misma contestación y este último tambien se pone a buscar. Un poco más tarde, ya hay un grupo de 7-8 personas, buscando la aguja. Después llega otra persona, les pregunta que están buscando, y recibe la misma contestación. Pero esta vez, el recién llegado, vuelve a preguntar a la mujer: ¿Pero dónde se le ha perdido? ¿Aquí?» Y la mujer responde: «No, fue dos metros más alla». Y «¿porqué la están buscando aqui?».» Pues porque aquí debajo de la farola, hay mas luz.»

Unos cazadores contrataron los servicios de una avioneta, para transportar la caza que habían conseguido desde el bosque hasta el poblado cercano. Cuando el piloto, que había aterrizado en un claro del mismo, vio la cantidad de animales que había que transportar, empezó a decir que su avioneta no podría soportar esa carga y que con toda ella, no podría volar, que dejaran parte de la carga para que pudieran realizar el vuelo de forma segura. Los cazadores, juraron y perjuraron que el año anterior, en la temporada de caza habían abatido los mismos animales y con un peso parecido, y que un compañero suyo, con una avioneta de las mismas características de la suya, había embarcado toda la caza, así que él también tendría que realizar el vuelo. Después de mucho insistir los cazadores, al final, el piloto accede a cargar toda la caza. La avioneta despega con mucha dificultad, pero al cabo de poco tiempo, empieza a fallar y se estrellan en el bosque. Cuando se recuperan del accidente y del susto, con voz temblorosa, le dice un cazador  a su compañero, apoyándose en unas ramas: Pepe, ¿dónde estamos? A lo que el amigo responde: Pues yo creo que a unos dos kilómetros de donde nos estrellamos el año pasado.

Un monje que había estado en el convento durante un tiempo, se da cuenta de la dureza de la vida en el mismo pues había que estar largo tiempo en silencio, además de trabajar y decide irse del mismo. Cuando está atándose las zapatillas sentado en el poyete de la puerta, mira a su derecha y hay otro monje exactamente igual que él, que está atándose las zapatillas también. Asombrado le pregunta: ¿Y tú quien eres?. Y el «doble» le contesta: Soy tu yo. Si del convento te vas por mi, que sepas que dónde tu vayas, yo voy a ir siempre contigo.

Había en el pueblo un loco que comía sentado en el suelo mientras al mismo tiempo daba de comer a un perro de los bocados que él tenía en su boca. Una persona se burlaba de el, llamándole loco. Y este hombre respondió: ¿No ves a Rama, que le da de comer a Rama? ¿De qué te ríes tu?, ¡oh, Rama!

Nasrudin iba muy contento por las calles del pueblo. Un vecino le preguntó cuál era el motivo de su alegría. Nasrudin respondió: «Se me ha perdido el asno.» «¿Y por eso vas tan contento?». «Si, es que yo no iba encima»

Una muñeca de sal recorrió miles de kilómetros de tierra firme, hasta que, por fin, llegó al mar. Quedó fascinada por aquélla móvil y extraña masa, totalmente distinta de cuanto había visto hasta entonces. «¿Quién eres tu?», le preguntó al mar, la muñeca de sal. Con una sonrisa, el mar le respondió: «Entra y compruébalo tu misma.» Y la muñeca se metió en el mar. Pero, a medida que se adentraba en él, iba disolviéndose, hasta que apenas quedó nada de ella. Antes de que se disolviera el último pedazo, la muñeca exclamó asombrada: «Ahora ya sé quien soy.» Tomado de Tony de Mello,(1982) El canto del pájaro. Santander: Sal Terrae

Una noche se habia producido una tormenta muy fuerte en la playa que había lanzado a la arena gran cantidad de estrellas de mar. Por la mañana, un hombre cogía una a una las estrellas de mar y las iba devolviendo al agua. Una persona, asombrada de la gran cantidad de estrellas, pensó que aquel hombre, nunca las devolvería al agua antes de que murieran, y se acercó a él y le dijo: «Pero ¿qué hace?. Nunca conseguirá devolverlas a todas al mar. Su esfuerzo será en vano.» Y la persona, mostrándole a la que tenía en la mano, le dijo: «Eso, dígaselo a esta». Y con un golpe de brazo, la devolvió al mar.